entrada
participación

Entre tecnocracia y participación en el gobierno local

Jorge Galindo en un post de La Ciudad Viva se pregunta: Tecnocracia vs. Participación en la política urbana, ¿un debate real? La gestión de conflictos en el gobierno local para la acción del político no se reduce a una contraposición entre un modelo de tecnócratas que toman decisiones u otro en el que los procesos de participación puedan guiar la acción del gestor. Ambos modelos son instrumentos disponibles en la acción de gobierno local y lejos de contraponerse creo que ambos son complementarios.

En mi opinión no es un debate de extremos, por mi experiencia como arquitecto bisagra en la administración local desde hace 8 años pienso que se trata de un proceso en evolución en la forma de gobernar lo local. Es un proceso en el cual, mediante el ensayo / error, hasta hace poco los resultados en la transformación física de la ciudad no eran tan mal valorados como lo son ahora sus consecuencias económicas. Sin duda me siento aludido como técnico, y aunque discrepo en algún fragmento del post, estoy de acuerdo con las reflexiones que lo cierran: El político tendrá que ser a la vez responsable, comunicativo y creativo; el técnico, eficaz y capaz de informar a la población de la mejor manera posible; y el ciudadano, exigente, informado y subjetivo”.
Para comenzar comparto el comentario de que “un mayor nivel de técnicos no asegura un mejor gobierno del entorno urbano”, pero sí creo que ese buen nivel técnico suele ser una condición que acaba por reflejarse en la ciudad construida, en sus calles y en sus edificios.
Jorge Galindo expone que no hay contradicción entre tecnocracia y procesos políticos participativos en la ciudad. Creo que en realidad ambos conceptos se retroalimentan en sus acciones y efectos. Una decisión política y/o técnica causa un efecto en la ciudad que activa algún tipo de proceso participativo que, a su vez, aporta información para futuras decisiones.
Si alguien tiene la tentación de pensar que los técnicos son el problema creo que eso sería sobrevalorarlos. Los técnicos no han permitido ninguna burbuja, aunque sí pueden ser acusados de haberse dejado llevar por la corriente, por la misma que políticos, bancos y compradores.
Por otra parte, es cierto que una posición participativa en el gobierno no se identifica con procesos de acción rápida. Ese tiempo de aplicación poco ágil afecta a la toma de decisiones y ese factor dificulta la gestión de conflictos a la que equivale la gobernanza. La postura llamada tecnocrática no impide ningún proceso decisorio que venga de los ciudadanos. Eso equivaldría a negar la condición como ciudadanos de los propios técnicos y negar su capacidad de análisis y deducción de las necesidades que la ciudad plantea. Para mí no hay decisiones de técnicos sino propuestas. Esas propuestas se convierten en decisiones cuando los políticos electos, como no puede ser de otro modo, las elevan a grado ejecutivo.
Jorge Galindo en su escrito dice: “La política, también la urbana, no es más que un conjunto complejo e interrelacionado de toma de decisiones destinado a gestionar el conflicto de intereses, opiniones y emociones latente en cualquier grupo social”. Comparto plenamente tal definición y me apoyo en ella para plantear el papel del técnico en la administración como instrumento al servicio de la política que suministra opciones y materia prima para esa gestión de conflictos. En el caso del arquitecto (sirve para otros técnicos) describo su función, y no sólo en la administración, como la del arquitecto bisagra, situado habitualmente entre posiciones aparentemente contrapuestas y con la necesidad de mantener una posición que permita la flexibilidad de los elementos que intervienen con la intención de resolver el conflicto urbano en el que se vea involucrado.
En ese modelo de colaboración estamos implicados muchos más de los que aparecen y he de reconocer que leí con mucho agrado cuando se dice que: “el trabajo de los técnicos es también explicar a los ciudadanos cuándo algo no puede ser y por qué, no obedecer ciegamente. Y, a la vez, la responsabilidad ciudadana es la de informarse y atenerse a las consecuencias de este modelo. El representante político es una correa de transmisión entre estos dos niveles, a la vez que un líder cuando el contexto lo necesita”. Se nos pide eficacia, visión global, capacidad creativa y otros valores que como técnicos vienen asociados, pero lo cierto es que desde la proximidad a la acción política compruebo a diario el valor de la capacidad comunicativa como uno de los valores más necesarios que nunca. Parece de Perogrullo pero sin duda la explicación comprensiva como técnico en la administración es una contribución imprescindible en aras a la transparencia que el ciudadano agradece en cada ocasión en la que tengo ocasión de participar.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

fidelvza en twitter

A %d blogueros les gusta esto: