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Del Forum a la Vela en Barcelona buscando la vida de la ciudad. ¿Arquitectura y/o urbanismo?

En un paseo familiar en bici de aproximadamente una hora por el frente marítimo de Barcelona he podido ver en mi ciudad realidades urbanas muy diferentes respecto a la vitalidad urbana, el uso del espacio público, la arquitectura y el urbanismo. Hemos ido desde los fríos edificios del Forum hasta el aislado y no menos frío hotel conocido como “Vela”, recorriendo los paseos del Poble Nou, la Vila Olímpica, la Barceloneta y el tramo de los clubs náuticos.

Aquí comparto algunas ideas y algunas de las imágenes que he ido tomando desde la bicicleta.

Las imágenes:

Las ideas:

De entrada, la vitalidad urbana percibida en los extremos del recorrido es casi nula y ésta va creciendo en los paseos urbanos hasta llegar a su máxima intensidad frente a la Barceloneta. Dicho de otro modo, en los extremos encontramos las zonas menos accesibles y más nuevas de la ciudad en las que la arquitectura estelar pretende hacer ciudad siendo difícil descubrir la intención de su urbanismo.

Por otra parte, en los tramos intermedios del paseo (Poble Nou, Vila Olímpica, Barceloneta) la reflexión urbanística ha originado tres tipos distintos de respuesta urbana entre la ciudad y el mar en los que el valor está más en el espacio público que en su arquitectura. El nivel de actividad y vida en el espacio público es el indicador urbano que con el paso del tiempo certifica el modelo urbanístico de la ciudad. El espacio público en el Forum y en el hotel Vela parecen ser un espacio restante, es decir, el resto del espacio no ocupado por la arquitectura prepotente de sus edificios. Sin embargo, en los otros tramos urbanos del recorrido analizado es precisamente el espacio público el que parece pensado para resolver la llegada de la ciudad al mar y alrededor del cual los edificios irán apareciendo. La pauta urbanística no impide singularidades e “indefiniciones” urbanas que en realidad son las que hacen viva la ciudad. Estas indefiniciones morfológicas, urbanísticamente hablando, suelen ser los cambios de tipo de paseo entre un tramo y el siguiente. En esos espacios suelen aparecer chiringuitos, equipamientos a escala ciudad, edificios singulares como el centro meteorológico de Siza, o las torres de la Vila Olímpica, o el pez de Ghery, o el Hospital del Mar, o los finales de la trama edificada de la Barceloneta y sus restaurantes y terrazas, o los clubs de natación Atlètic-Barceloneta y Barcelona. En mi opinión tener un modelo urbano es imprescindible pero su interpretación flexible y las impurezas con las que la gestión urbanística y el tiempo lo subvierten son las que lo hacen real y habitable.

El grano pequeño de la ciudad y su escala no imponente, como  el frente de la Barceloneta, parece atraer más a la vida cotidiana que la gran escala de las recientes transformaciones urbanísticas en la ciudad de Barcelona, como el Forum o el hotel Vela. Alguien puede responder que su activación es una cuestión de tiempo. Sin embargo, en mi opinión ni su posición y accesibilidad, ni su espacio público, ni el tipo de arquitectura y, sobretodo, el contacto de ésta con la cota 0, la de la calle, no parecen favorecer la natural presencia del ciudadano por los entornos del Forum o del hotel Vela a no ser que eventos puntuales y dirigidos nos conduzcan a ellos de modo masivo.

Respecto al tipo arquitectónico coincido con la visión aportada por Rafa Martínez cuando dice que “la construcción de edificios altos es un indicador de la desmesura que precede a las grandes depresiones económicas” en su post “Reinventar la Gestión Pública (1) La referencia empresarial”. Sin duda en los casos del Forum y el hotel Vela podríamos hablar de ejemplos en Barcelona de esas torres de Babel de un modelo a punto de colapsar, o en pleno colapso.

En conclusión, en la muestra urbana que Barcelona ofrece en su frente urbano litoral parece que no es suficiente la arquitectura estelar e icónica, siempre de valoración subjetiva, para dar vida a lugares rescatados para la ciudad. Incluso puede ponerse en evidencia en esos casos el urbanismo, si lo ha habido, que ha permitido esas estrategias. Sin embargo, y por suerte para la ciudad, aquellos lugares en los que la planificación urbanística centró su esfuerzo en la definición de ese lugar público entre la ciudad y el mar es allí donde el ciudadano y la actividad aparece más naturalmente. El urbanismo, su gestión y el paso del tiempo, aceptando y agradeciendo modificaciones, resulta más eficaz en la vitalidad urbana que cualquier ocurrencia en la que arquitectura estelar sea motivo de reclamo o excusa de actividad por sí misma. Este razonamiento hoy puede parecer obvio y superado dada la actual situación socio-económica desfavorable, pero por elemental el uso del urbanismo debería ser un objetivo de aquellos que desde lo público deben garantizar el interés general sin desdeñar la colaboración público-privada pero sin ceder a la segunda más protagonismo del que ponga en riesgo la vitalidad de la ciudad de modo natural. El urbanismo es necesario. En su función como instrumento el urbanismo debe superar adjetivos como “especulativo” o similares y pienso que debe seguir sirviendo, con o sin adjetivos, pero como dice Solà-Morales, sin perder la condición ética del urbanismo.

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