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arquitectura bisagra

Mauro Gil-Fournier: “Cuidado de la comunidad a través de lo urbano”

En momentos de desorientación cuesta explicar qué está pasando y en los intentos de buscar solución se habla de reinventarse o cambio de rumbo. No creo mucho en cambios bruscos ni en soluciones exprés, pero sí en seguir avanzando y evolucionando en cualquiera que sea el proceso en el que estemos desorientados. Creo en poner el foco en aquello que hable de proceso, tiempo, cuidado, personas e interconexión. Creo en la ciudad. Por eso recomiendo el artículo de Mauro Gil-Fournier en La Ciudad Viva “El arquitect* como cuidador urbano”.

Desde hace años me veo como arquitecto bisagra y en el escrito de Mauro he encontrado una magnífica revisión y ampliación de esa definición, por supuesto mejorada, de lo que pienso cuando quiero hablar de la profesión en la que llevo unos veinte años disfrutando. Ahí van algunas citas y reflexiones suscitadas por el post y que aquí comparto:
(Mauro) “Cuidarse es conocerse… El cuidado y el conocimiento de si mismo representan, en el mundo grecorromano, las bases mismas de la ética del individuo de la polis; ligando de esta forma las cuestiones del cuidado a la polis, por lo tanto a la política”. Es necesario situar la persona como miembro esencial del colectivo, reconocer la capacidad de la conciencia del individuo para construir lo colectivo y dirigir su acción desde el cuidado y conocimiento.

(M) “… podemos entender al arquitect*-cuidador, como una figura capaz de aceptar la transversalidad, la diversidad, el diálogo, la flexibilidad o el espíritu de colaboración como valores para la transformación de lo urbano y lo colectivo. Se trata de un agente dentro de un sistema donde unos cuidan de otros entorno a redes de afecto, y donde el equilibrio en las decisiones no viene dado solo por un poder técnico, sino por una capacidad de gestionar los conflictos existentes dentro del sistema de redes afectivas. Un rol que no es tan solo mediador, sino también cuidador de situaciones no cortoplacistas…” Hablando de la versión del arquitecto bisagra en la que su acción se diluye en un proceso en el que los esfuerzos se dirigen a conseguir ese equilibrio reduciendo los conflictos viajando por esas redes afectivas.
(M) “Según las investigaciones feministas, cuidar más que un acto es una actitud; y también es una cuestión de tiempo. Los temas del cuidado requieren de más tiempo y el capitalismo acelerado dicta la unión tiempo-dinero”. Siempre el tiempo ha sido necesario para comprobar la valía de un proceso y últimamente parece que la velocidad de la evolución tecnológica la hemos asimilado con la desaparición del tiempo para la verificación del camino y la reflexión.
(M) “Las prácticas del cuidado de uno mismo, han dado paso a prácticas del cuidado de la comunidad a través de lo  urbano“.
(M) Algunas prácticas del cuidado: 1973, Liz Christy, jardín comunitario en el centro de NYC, green guerrillas; 1947, Aldo Van Eyck, parques de juego en Amsterdam; 1961-1991, Lina Bo Bardi, oficina de teatro en Sao Paolo; Lacaton & Vasal, place León Auoc en Burdeos: reponer, planificar, podar y modificar; Edi Rama, arquitecto y alcalde de Tirania, Albania. En el teatro de Sao Paolo 30 años una gente haciendo algo en un sitio y para lo colectivo es el simple fundamento de ese ejemplo de redes afectivas que demuestra que “las actividades del cuidado son actividades silenciosas, no estridentes, basadas en un proceso y no en una acción puntual”. Sin ser nada nuevo ese puede ser el paradigma del siguiente paso social de nuestro tiempo y ¿por qué no económico? En el caso del arquitecto alcalde Edi Rama en Tirana, sin presupuesto para rehabilitar su ciudad, destaca su “práctica del cuidado” para revitalizar el afecto de los ciudadanos hacia su ciudad, por ejemplo pintando de colores vivos sus casas.
(M) Los sistemas de los que formamos parte, como arquitect*s-agentes, hacen que no siempre podamos llevar a cabo nuestras  metas, y es necesario que demos rodeos que modifican tanto las metas como a nosotros mismos. Estos rodeos producen una modificación de las metas transformándonos también en una nueva entidad. Es en este proceso, donde las labores del cuidado, nos ayudan a generar el proyecto común cooperando e intercambiando.
(M) “Una educación en el cuidado es una educación en la interconexión y esto es clave para promover sistemas participativos”.
(M) “La inserción del cuidado solo en la esfera privada ha traído nefastas consecuencias para la esfera pública: la falta de implicación con lo que se hace, la empatía y el compromiso. Así que no está de más proponer el cuidado como un valor para la profesión y para la ciudadanía superando la dicotomía de la justicia para la esfera pública y el cuidado para la esfera privada“.
La lectura del esperanzador texto de Mauro hablando de valores, comunidad y ciudad me sugiere cruzarlo con otras referencias que enlazo en las que Juan Freire, siempre proactivo, nos invita a pasar a la acción y dejar de debatir cuando hablando de sostenibilidad, por ejemplo, señala que la base está en la inteligencia humana aplicando la innovación y la tecnología.
Creo en la aportación del individuo en lo colectivo y creo que no sólo con discursos identificaremos la causa de nuestros desvelos. Una diagnosis continuada y obsesiva desde visiones cruzadas como pueden ser las académicas, las políticas, las profesionales, las de los medios de comunicación o redes sociales,.. no son suficientes si no jugamos al juego del cambio de sillas. Cambiemos nuestro punto de vista y giremos alrededor de la práctica urbana, hagamos cosas con otro sombrero distinto al que estamos acostumbrados a llevar. Cualquiera de los discursos individuales, la mayor parte, no contribuyen por sí solos a la evolución social si no se traducen en acciones en lo colectivo en forma de ciudadano y en el marco físico de la ciudad. No tienen porqué ser acciones ni grandes ni rimbombantes, más bien creo en aquellas como las que Mauro Gil-Fournier apunta, participemos y promovamos acciones que forman parte de un proceso, hechas con el paso del tiempo, cuidando a las personas y a la ciudad, en definitiva poniendo en práctica la ética del cuidado. Me gusta pensar en ello como el siguiente paso de una natural evolución, no como una forzada reinvención. Y no sólo hablo de arquitectos.

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