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ciudad / urbanismo

Barrios degradados, del abandono social al deterioro físico ¿O al revés??

El abandono social de ciertas zonas de la ciudad existente lleva al deterioro físico de lo construido y su entorno, y ese deterioro puede incitar al conflicto social. De ahí la duda, ¿qué es antes?, ¿el deterioro físico de un barrio o el abandono social? No es aceptable la inacción política.

Mientras asisto a una sesión informativa de la nueva ley de urbanismo en Catalunya recibo un tweet que me informa de una tertulia en el programa de TV Para todos La 2 que trata del tema de rehabilitación de barrios conflictivos socialmente. Me interesa el contraste. Oigo en vivo al director general de urbanismo y ordenación del territorio, Agustí Serra, hablando del “urbanismo como instrumento para impulsar la actividad económica” mientras otros hablan en la 2 de “ser de barrio”, “rehabilitación urbana”,… Ahí está el reto de nuestro futuro inmediato como técnicos de la ciudad y como habitantes de barrio: debemos resolver esa  aparente divergencia entre la técnica urbanística y el servicio social y público del urbanismo. La ley de urbanismo cambia frente a los cambios del mercado económico y la crisis, pero sigue sin cambiar para resolver el conflicto social que emerge en los centros históricos degradados de las ciudades de todo tamaño y situación geográfica.

Llevamos tiempo hablando de ordenación del territorio como base de un supuesto desarrollo económico y atendiendo a mercados de demandas ahora desaparecidas. Gran parte del esfuerzo urbanístico se ha dedicado al crecimiento expansivo de nuestras ciudades. Y así se ha modificado la ley de urbanismo en Catalunya por ejemplo desde 2002 hasta ahora en 10 ocasiones, casi una por año.

Con la actual situación socio-económica hablaremos menos de territorio (aunque debemos hacerlo para preservarlo y mimar su ocupación) y más de ciudad en términos de vida social, valores humanos, empoderamiento de sus habitantes y en definitiva de lo que el urbanismo debe aportar para favorecer la transformación urbana del tejido existente. En definitiva, hay que aprovechar y entender el urbanismo no como instrumento para el crecimiento expansivo de las ciudades sino como una herramienta más que contribuya a la rehabilitación de la ciudad existente junto a otras disciplinas que permiten comprender la complejidad y riqueza social del hecho urbano.

Al debate de televisión al que me refiero asisten cuatro personas de diferentes disciplinas demostrando lo rico que resulta cruzar visiones  desde ópticas profesionales no coincidentes hablando de ciudad. A pesar de ello o precisamente por ello se da una coincidencia al valorar la importancia del “ser de barrio” como identidad que permite rehabilitar barrios degradados como los de San Pablo en Zaragoza o el de San Francisco en Bilbao. Los asistentes son: Aurea Martínez, guionista y directora de cine; Carlos Askunze, dirigente vecinal; Agustín Hernández Aja, arquitecto y urbanista; David Mongil, geógrafo.

San Francisco en Bilbao, foto de Nomedejaisdormir

Algunas de las ideas que en la tertulia se apuntan son:

Aurea Martínez advierte de entrada que no debemos confundir barrios pobres con barrios con delincuencia. De su documental “Gente con Gancho” extraigo una cita de un anciano vecino del barrio de San Pablo de Zaragoza que dice: “la ciudad es un ser vivo y quien vive junto a un ser vivo ha de ser consciente que está permanentemente expuesto a fricciones”.

documental Gente con Gancho de Áurea Martínez, foto jd(A)

David Mongil recuerda que suele ser en los barrios degradados donde las viviendas son de pequeña dimensión y de condiciones de confort mínimo y por ello sus habitantes  buscan el uso del espacio público y así lo hacen más vivido, en él se relacionan y ahí se crea la identidad de barrio que les une. Por ese motivo, añade Aurea Martínez, los inmigrantes o nuevos ocupantes de esos barrios a su llegada suelen integrarse rápidamente en ellos y se sienten acogidos fácilmente.

Agustín Hernández Aja recuerda que en los barrios con altos índices de inmigración y población mayor es importante hacer una valoración de ambos colectivos en relación a su condición de no votantes los primeros y de voto acomodado de los segundos. Según el urbanista este hecho puede condicionar la decisión política a la hora de invertir en esos lugares. Es este un punto de vista que no comparto aunque puedo entender que pueda derivarse del análisis de alguien que siga un razonamiento digamos de rédito electoral que por suerte no es la conducta seguida en muchas ciudades en las que sí se interviene en tejidos conflictivos.

Según Carlos Askunze el problema de un barrio degradado es el problema de la ciudad en a la que ese barrio pertenece. Me parece una gran afirmación puesto que la complejidad urbana se nutre de la relación entre los diferentes barrios no en su condición de morfología urbana sino en la interrelación de sus residentes y los flujos sociales que afortunadamente recorren toda la ciudad. Como sigue diciendo Askunze sin empoderamiento de los vecinos no se rehabilita un barrio, no es suficiente la inversión pública en obras.

En tiempos como el actual, según David Mongil, si no se puede invertir en lo físico, la agenda pública debe invertir en lo social. En ese sentido Áurea Martínez dice que no se puede prescindir de la gente que ha vivido toda la vida en un barrio y a la hora de rehabilitarlo los trasladan a otras nuevas zonas impersonales de la ciudad. Así se aniquila la identidad de un lugar construida a partir de la vivencia de sus habitantes.

Respecto a la relación vecinos/administración, Carlos Askunze advierte que los vecinos no deben ser cómplices de la administración, sino que debe ser la administración la que debe  ser cómplice de los vecinos para rehabilitar los barrios degradados de nuestras ciudades. Buen punto de partida para interiorizar en esa revisión del papel del urbanismo como uno de los agentes de la transformación urbana que se nos viene encima.

En definitiva, parece que el abandono social de ciertas zonas de la ciudad existente lleva al deterioro físico de lo construido y su entorno, y que ese deterioro puede incitar al conflicto social. De ahí la duda, ¿qué es antes?, ¿el deterioro físico de un barrio o el abandono social? En cualquier caso está claro que la decisión política es necesaria y se debe asumir su responsabilidad pública con acciones concretas y de alcance integral en lo social y en lo urbanístico al mismo tiempo y sin disociarlo. Me interesa el espíritu de casos como el de Favela Barrio en Rio de Janeiro en el que plantearon que “para construir ciudad no es necesario un plan racional acabado desde cero; construir la ciudad es pespuntar al ritmo del tiempo, interviniendo con atributos que maximicen los efectos”. Actuar no para el ciudadano sino con el ciudadano.

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